La Solución «a la
Venezolana»:
La Guerra de los
Caudillos y la Muerte de la Política
Por:
Rafael Rivero Muñoz
Un Ciudadano de a Pie
Caracas, 08-06-2026
"Sin fracturas tribales
africanas ni la disciplina burocrática del bloque soviético, la llamada
'solución a la venezolana' no es más que la actualización digital del
caudillismo del siglo XIX: un pacto cerrado de amnistía fáctica y reparto
feudal donde las cúpulas negocian su propia supervivencia sobre el asfalto de
la miseria".
Este texto no nace en las academias de ciencias políticas ni
en los laboratorios de opinión financiados por las cúpulas. Nace del asfalto,
de la observación diaria de un ciudadano de a pie que se niega a seguir
consumiendo las plantillas ideológicas de unos medios de comunicación atrapados
en su propio bucle. Escribir estas líneas es, por definición, un acto de
herejía pública: implica apartar al rebaño tanto del pastor de turno como del
emergente, desnudando una verdad incómoda que nadie en las esferas de poder
quiere escuchar. Cuando la política formal se desfigura hasta desaparecer, el
único deber que le queda al ciudadano común es el frío realismo de describir el
terreno tal como es, no como nos prometen las ficciones.
Intentar abordar la crisis de Venezuela utilizando los
manuales de la ciencia política universal o esperando el desenlace de los
procesos democráticos occidentales es un ejercicio de autoengaño. Las
realidades sobre el terreno demuestran que el país no sufre una disputa
ideológica convencional, sino la hipertrofia de un atavismo histórico: el
caudillismo latinoamericano del siglo XIX, tecnificado y adaptado a una
sociedad hiperurbana y precarizada del siglo XXI. Cuando recientemente se
oficializó desde el exterior que la salida será «a la venezolana», se admitió
implícitamente que los criterios de aceptación universal en materia política
han muerto en el territorio nacional.
El Espejismo de la Oposición y la Simetría de las Cúpulas
El panorama político se ha reducido a un choque simétrico
entre dos estructuras verticales. Por un lado, un régimen cívico-militar
aferrado al poder fáctico; por el otro, una jefatura opositora emergente que ha
centralizado y monopolizado de forma absoluta la conducción de la disidencia a
través del Acuerdo de Panamá.
Despojado el análisis de las falsas etiquetas de
"derecha e izquierda", lo que queda al descubierto es una pugna entre
facciones de matriz doctrinaria compartida. Las cúpulas reunidas para
certificar mandos unificados no plantean la destrucción del Estado clientelar
ni el nacimiento de una ciudadanía autónoma; disputan la legitimidad para
administrar el territorio y racionar la subsistencia de la población. No hay
vacuna aparente en esa mesa de Panamá contra la "Administración a la
venezolana", pues el abultado equipo de colaboradores de la jefatura
emergente proviene de la misma escuela que concibe la política como un reparto
de cuotas y recursos.
El Pecado Originario del Estado Rentista
Este modelo de dominación y saqueo tiene fecha de nacimiento
exacta. En 1958, tras la caída de Marcos Pérez Jiménez, la Junta de Gobierno
presidida por el contralmirante Wolfgang Larrazábal Ugueto dictó el Plan de
Emergencia, un subsidio masivo destinado a pagar a los desocupados de los
cerros de Caracas a cambio de ninguna contraprestación productiva. Los
administradores designados para manejar esos fondos públicos fueron Luis
Miquilena y José Agustín Catalá.
Allí se fraguó el engranaje de control de masas mediante el
dinero del tesoro público. Es el hilo conductor de la tragedia: el mismo
Miquilena fue el operador político designado por Hugo Chávez en 1999 para
dirigir la Asamblea Constituyente y ejecutar el desmontaje jurídico definitivo
de la República. El posterior Pacto de Puntofijo simplemente perfeccionó este
sistema corporatizando a la sociedad a través de sindicatos y partidos
tradicionales, preparando el terreno para el colapso moral y financiero de los
años noventa.
La Ficción de la Justicia y los Organismos
Internacionales
En este tablero, esperar el auxilio de la burocracia
internacional o de tribunales como la Corte Penal Internacional (CPI) es
trabajo perdido. El tejido institucional global está colonizado por redes de
afinidad burocrática y política que actúan como mecanismos de preservación, no
de persecución real de las cúpulas. El control del chavismo y el kirchnerismo
sobre los equipos decisorios de estas organizaciones viene desde sus inicios.
La inoperancia de estos organismos no es ineficiencia; es un diseño deliberado
que sirve de válvula de escape retórica mientras los plazos se estiran sobre el
terreno. Al no existir árbitros internacionales reales, la dinámica se
simplifica: el juego se define estrictamente por el desgaste material interno.
Los "Invisibles" y el Territorio de la Sumisión
En la base de la pirámide se encuentra la masa de los
gobernados invisibles: la población hacinada en populosas barriadas urbanas,
sometida a la precariedad crónica de los servicios públicos y a una economía de
mera subsistencia. Sin autonomía económica, el individuo común queda despojado
de su condición de ciudadano y es reducido a súbdito.
El voto pierde su función de alternabilidad democrática y se
transforma en un trámite de gestión de riesgos, el tributo que el rebaño paga
al pastor de turno para que se le permita seguir sobreviviendo. Si una
emergencia precaria de política comunitaria intentara brotar de forma
independiente en estos sectores para canalizar el descontento, la pinza de
ambas cúpulas actuaría de inmediato como un sistema inmunológico para
neutralizarla: el régimen mediante el aplastamiento físico o el
microcaudillismo armado, y la oposición mediante la asfixia política o la
acusación de colaboracionismo.
El Círculo Vicioso de la Información
Esta realidad permanece oculta bajo el ruido de los medios
de comunicación y los laboratorios de opinión. Los comunicadores, criados en la
misma cultura política, acuden a especialistas que imprimen a sus análisis
tintes ideológicos o corporativos, generando un bucle que alimenta las falsas
expectativas de la masa. Plantear que el ciudadano está huérfano y que los
pastores en pugna operan bajo la misma lógica es considerado una herejía dentro
del debate público convencional.
¿Cuál es, entonces, la "Solución a la
Venezolana"?
La salida «a la venezolana» no será un hito histórico de
liberación ciudadana al estilo de la caída del Muro de Berlín. Será, por el
contrario, una cruda transacción de cohabitación y redistribución de parcelas
de poder entre el caudillismo militar gobernante y el caudillismo civil
legitimado. Un pacto pragmático de amnistía fáctica y reorganización
burocrática donde ambas élites aseguren su preservación y el control del flujo
económico, dejando la reconstrucción del concepto de ciudadano suspendida indefinidamente.
Fuera de este esquema feudal, hoy en Venezuela, la política no existe.
No hay novedad en el frente. Mientras la opinión pública
global busca precedentes en conflictos lejanos o transiciones de diseño
europeo, Venezuela sigue arrastrando las mismas taras feudales que padece desde
el siglo XIX. El eterno retorno del caudillismo demuestra que seguimos
atrapados en sucesivas fantasías animadas al mejor estilo de Disney, donde la
masa precarizada es conducida a aplaudir mesías sustitutos, solo para
estrellarse consecutivamente contra el muro de las realidades. Cuando el humo
de la retórica se disipa, lo que queda no es una república en transición, sino
el fracaso crudo de las ilusiones y el triunfo incombustible del binomio
caudillo-súbdito.
[1] Nota al pie sobre la matemática del fraude
originario: El virus de la administración clientelar venezolana tiene una
cifra fundacional exacta. En el Plan de Emergencia de 1958, el subsidio directo
era de US$ 20 semanales por desocupado (Bs. 67 de la época). Al burócrata de
turno le bastaba con falsificar o reservarse el control de apenas un millar de
firmas en los densos y opacos listados vecinales para desviar de manera
automática US$ 1.040.000,oo al año, libres de impuestos. Esta técnica de
"nóminas infladas" no solo alimentó fortunas personales, sino que fundó
el capital semilla con el que las bandas partidistas del puntofijismo aceitaron
sus maquinarias de control. Hoy, el sofisticado sistema de control social
digital del régimen y las mesas de reparto técnico de la oposición
hipercentralizada en Panamá operan bajo el mismo principio: la administración
discrecional de la lista frente al asfalto de la necesidad.
https://rriverom.wordpress.com/2026/06/08/la-solucion-a-la-venezolana/
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