Thursday, October 28, 2010

El terrorismo de Estado y sus variantes

Hacia el control social por medios cada vez más violentos


Rafael Rivero Muñoz
Caracas, 281010

“… El terrorismo nace del odio, se basa en el desprecio de la vida del hombre y es un auténtico crimen contra la humanidad…”
Juan Pablo II (1920-2005)

Frente al ataque criminal de las once de la noche del miércoles 27 a cuatro de los miembros de la directiva de Fedecámaras cuando regresaban juntos a su edificio sede en El Bosque, no queda alternativa.

Entiéndase bien, frente a ese tan particularmente dibujado y ejecutado ataque no es posible lucubrar o discernir sobre esas llamadas ambigüedades del Socialismo del Siglo XXI.

No cabe o es dado considerar, otra situación distinta al esperado producto de una década de argumentación política revolucionaria y de su directo e inevitable derivado en el área de seguridad pública.

Visto exclusivamente desde esta perspectiva, tratemos de observar y de entender el antes, el durante y el después de esa expresa y precisa decisión política.

Decisión que si bien para algunos expertos conocedores de la dinámica latinoamericana, pudiere ser considerada como derivado del predominio de intereses extranjeros –Cuba, Irán o cualquier otro–, por sobre y en detrimento de los propios a los venezolanos, no es posible olvidar ni obviar que quien la ejecuta en beneficio exclusivo propio, de su permanencia indefinida en el poder, que se dice ser venezolano y quien fue inicialmente electo 1998 para el ejercicio del cargo de presidente de la República: Hugo Rafael Chávez Frías.

Una política

Soportado y esgrimiendo la misma lucha de clases de una desfasada izquierda radical revolucionaria latinoamericana; montando el discurso de poder sobre una eventual y supuesta “Guerra de Cuarta Generación”, Hugo Rafael Chávez Frías, desde el mismo momento de llegar a la presidencia y de asumir el cargo, con una pensada y diagramada argumentación en sus discursos y sus conductas públicas, alimentó la revancha como la mas dúctil expresión política de las necesidades y de las miserias de los marginados, del lumpen y así destapó y alimentó con ello las capacidades y voluntades de consolidados o emergentes liderazgos naturales y grupales y con ello, las vías hacia la formación y consolidación de distintos y separados grupos de afectos, “los chavistas”, a quienes desde el mismo momento de la declarada adhesión a la revolución, dotó a sus representantes con posiciones de decisión política, con acceso directo a los fondos y a los recursos materiales del Estado y a la vez, impulsó y autorizó a los más radicales y hábiles líderes grupales, para que por sus propios medios y a su leal saber y entender, tomaran control de espacios físicos en ciudades y provincia; para que a la vez, en esa misma dinámica, se dotaran de los medios de acción y de los recursos económicos para la aplicación directa del control social por las vías de hecho: La violencia indiscriminada.

Así, unos y otros grupos a la vez que se pertrechan con armas, municiones, explosivos, comunicaciones, medios de transporte y de enlaces y mecanismos de soporte operacional por vía de uno u otro fuera el órgano oficial y de seguridad pública, por otra parte, algunos, los más radicales, buscaron y logran vínculos y acuerdos de asistencia técnica con representantes de las más conocidas y experimentadas agrupaciones guerrilleras y terroristas, alzados en armas, dentro y fuera de Venezuela (FBL, FARC, ETA, grupos islámicos).

El derivado

A estas alturas del juego, luego de once años en el poder, para Hugo Chávez Frías y su gobierno una de dos situaciones se materializa, aún cuando no se puede descartar una dosificada combinación de ambas.

En todo caso, sea una u otra o su combinación, esa política y sus derivados, lo tienen a él y debe ser observado y señalado como el principal más no el único responsable.

Una de dos

a) El gobierno mantiene el control y los grupos armados de los afectos actúan bajo sus precisas instrucciones; por tanto, todos estos hechos son obra y expresión de una política. Política criminal de la cual no pueden olvidarse o dejar de considerar esas expresión del “endocidio” (Eugenio Raúl Zaffaroni) que en términos de cifras significan –para algunos defensores de los derechos humanos– más de 180.000 asesinatos en once años. Es decir, más de 16.000 asesinatos por año de permanencia en el poder.

b) El gobierno venezolano perdió absolutamente el control –el encuadramiento, el mando, la dirección y la conducción– sobre todos y cada uno de los liderazgos individuales consolidados en cada grupo y de los colectivos bajo el mando de sus pretendidos afectos; en cuyo caso, quedaría así confirmado lo sustentado en múltiples notas anteriores.

El Estado en Venezuela sea que, voluntariamente haya declinado o delegado su poder sea que, por error, conveniencia, incapacidad, complicidad o cobardía, lo perdió, la realidad es única:

Por tanto, en general el gobierno de Venezuela hoy en el 2010, Hugo Chávez Frías en lo particular, no tienen en sus manos ni el monopolio del instrumental letal ni menos aún el monopolio del uso y la aplicación de la violencia.

El ataque en comento

1. En la urbanización El Bosque, a las once de la noche del miércoles 271010, interceptan y atacan por sorpresa y a tiros al vehículo donde transitan cuatro directivos de Fedecámaras.

2. Con un vehículo tipo camioneta lo han interceptado en plena vía pública y seguidamente con una ráfaga o secuencia rápida de disparos dirigidas hacia el puesto del copiloto

3. Impactan con tres o cuatro disparos a la única mujer en el grupo de cuatro ocupantes del vehículo. Detenido el vehículo, no hay más disparos.

4. Bajan violentamente, a golpes y a empellones a los tres hombres y a la dama herida para meterlos a todos en el vehículo con que los interceptaron.

5. Secuestran y trasladan por la fuerza a la camioneta, vehículo interceptor, a los cuatro y a pesar de los quejidos o gritos de la herida.

6. Uno de los atacantes toma el volante del vehículo interceptado y ametrallado para seguir en caravana al vehículo con las víctimas confinadas y controladas.

7. Uno a uno los criminales incautan y revisan documentos de identificación, tarjetas y demás pertenencias de cada víctima.
8. Uno y otro criminal a golpes amenazan e interroga a una y otra víctima durante su confinamiento.

9. En plena ruta detienen la marcha en aledaños de la urbanización El Paraíso, para que el cómplice abandone el vehículo tiroteado y se incorporara al grupo de interrogadores.

10. A unas dos horas del tiroteo, el secuestro y lo que pareciera ser un pensado programa de presión psíquica y física, en plena autopista, cerca del hospital Pérez Carreño, se detienen y lanzan del vehículo y abandonan a su suerte a la dama herida.

11. Continúan en ruta con los otros tres secuestrados llegan a la Estación de Servicios ubicada en la autopista Valle Coche, allí bajan y abandonan a los en tres miembros directivos de Fedecámaras.

12. Luego de abandonar a las tres víctimas, se dan a la fuga: ¿Delincuencia común?.

“Ajuste de cuentas” o, más bien, Ajuste del Cuento

a) Los criminales actuaron sobre seguros, con absoluta libertad para la acción y a cara descubierta, aún cuando algunas informaciones señalan que se eran cinco sujetos con pasamontañas, en la rueda de prensa del presidente de Fedecámaras, éste acotó: Ninguno estaba encapuchado o cubierta de alguna forma sus facciones; no los pueden identificar porque si levantaban la cabeza para ver los golpeaban para obligarlos a mantener la cabeza entre las piernas y mirando al piso de la camioneta.

b) No es un robo de vehículo puesto que la ráfaga o secuencia de disparos de armas de fuego sobre éste indican que el interés de los criminales no estaba en el vehículo puesto que lo dañaron.

c) No es un Secuestro Express puesto que a pesar de los distintos celulares y de las llamadas, a nadie ni por nadie demandaron rescate.

d) No es un secuestro clásico puesto que tenían a todos los cuatro miembros de Fedecámaras bajo absoluto control y podían trasladarlos al lugar que mejor les pareciera sin la menor resistencia.

e) No es un atentado o intento de asesinato del presidente de Fedecámaras, aún cuando éste asegura que siempre que viaja en su vehículo se sienta al lado del chofer, el vehículo sujeto del ataque no está identificado como su vehículo, era propiedad y era conducido por el administrador de Fedecámaras.

f) No es un atentado contra la ex presidenta de Fedecámaras y a pesar de ser la única mujer en el vehículo y la única herida con cuatro impactos, los criminales se desentendieron de ella y salvo sus quejidos o lamentos no incidieron con otros actos físicos en sus lesiones, no provocaron más daños sobre su humanidad; más aún, la abandonan en la ruta y cerca de un hospital público.

g) No es un atentado contra uno u otro de los otros dos tripulantes del vehículo abaleado. En todo caso, según la información, el más golpeado de todos resultó ser quien estaba al volante del vehículo en el momento del ataque.

h) No es un atentado pasional o venganza por alguna afrenta de algunas de las víctimas puesto que las informaciones no señalan tratamiento alguno en ese sentido por parte de alguno de los criminales.

i) No es un asalto armado en busca de dinero efectivo, ninguna de las víctimas fue llevada a un Cajero para sacar dinero de su cuenta con su tarjeta.

j) No es un robo de prendas, ninguna de las víctimas ha mencionado que hayan sido despojados de algunas de sus pertenencias de valor.

Antecedentes

A) En el gobierno de Jaime Lusinchi, en pleno affaire de los escándalos policiales por hechos criminales –La Manzopol, el tráfico y reciclaje de drogas, Di Pussi Ponti versus Manzo González, los Pozos de la Muerte, los Desaparecidos, los Disipresarios, Las Masacres de El Amparo y Los Amparitos– los medios de comunicación a diario informaban de incidencias cada vez más escandalosas; dos de los medios más directos –Tv y prensa escrita– estaban relacionados con la empresa 1BC y un hecho fue preciso como forma para intentar detener la insistencia de los medios.

El presidente de esa empresa, en momentos en que en su diario hacer, en su vehículo y transitando por la avenida principal del Country Club se dirigía a su domicilio, fue interceptado por motorizados. Una vez detenido el vehículo, los asaltantes a ambos lados de éste le conminaron y le abrieron las puertas del vehículo; hecho esto, seguidamente se dieron a la fuga.

Mensaje: “… Te das cuenta de lo vulnerables que eres…”

B) No es de olvidar el atentado con un artefacto explosivo y los panfletos del denominado “Frente Guerrillero Venceremos” a la sede de Fedecámaras, el domingo 24/02/08, hecho criminal donde resultara muerto Héctor Amado Serrano Abreu, inspector de la Policía Metropolitana adscrito a la Dirección de Investigaciones, quien estaba domiciliado en el bloque 42, Zona F del 23 de Enero en Caracas y conocido miembro del grupo de afectos Los Tupamaros; cadáver que a pesar de la cédula de identidad, de la credencial y de la chapa del organismo policial, de un celular y de un radiotransmisor de la policía ubicados sobre él y la escena, fue ingresado a la morgue como desconocido.

Sin embargo, en este atentado a Fedecámaras y muerte de uno de los terroristas, luego de 645 días de ocurrido, ha guardado prudente silencio la Fiscal General Luisa Ortega Díaz, mientras el órgano de investigación criminal, ni se acerca al 23 de Enero.

Radicalización

Es la tónica; allí están las nuevos y en curso, asaltos armados contra empresas privadas en funcionamiento y suplidoras de la más grande y visible obsesión revolucionaria con la Polar: la Owen Illinois

La ex presidenta de Fedecámaras, señora Albis Muñoz, tenía pautado para el próximo sábado un viaje al exterior en representación de esa organización en la próxima reunión de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).
Como se sabe es una reunión tripartita donde sesionan sindicatos, empresarios y gobiernos.

Recordemos que como informó El Correo del Caroní en su edición del 29/03/10: “… OIT certifica deterioro de libertades sindicales… En la reunión del Consejo de Administración de la Organización Internacional del Trabajo, celebrada entre el 11 y 26 de marzo, se incluyen como casos graves y urgentes dos quejas presentadas por CTV y la otra por Fedecámaras…”

¿Qué tan grave tenía ahora como argumento a exponer o documentación a entregar y difundir la ex presidenta de Fedecámaras, Albis Muñoz?

¿Terrorismo?

Como afirma Umberto Eco: “… El fin del terrorismo no es solamente matar ciegamente, sino lanzar un mensaje para desestabilizar al enemigo…”

Si tal como queda comprobado en los hechos de ejecución cotidiana, por obra y decisión expresa de funcionarios de este gobierno revolucionario, la técnica destinada al control social está fríamente articulada sobre la desplegada y pública capacidad para producir miedo, terror, pánico, paralización e inhibición en los miembros de la comunidad venezolana, simples moradores de este territorio, queda como único recurso para interpretar este ataque, la respuesta a una pregunta:

¿A quién beneficia el crimen?

Nos preguntamos entonces:

¿Cuál será la conducta de Fedecámaras y de sus máximos representantes después de este ataque donde quedó suficientemente evidenciada y demostrada la vulnerabilidad de sus integrantes, tanto en grupo como en individualidades?

Conclusión

Definitivamente, pocas dudas quedan a cualquiera sea el interesado u observador imparcial de la política revolucionaria venezolana, dentro o fuera del territorio, cuando su líder públicamente en sus desempeños discursivos expresa su línea de acción, el odio y de radicalización, la violación de toda norma de convivencia. Como único recurso propio y de sus afectos, se impone entonces transitar por el camino hacia el absoluto control social por los medios de una cada vez más violenta expresión: Es la “política” por otros medios.

Una guerra no declarada pero si alimentada por un discurso y contra una población civil desarmada que habita o transita en el territorio de Venezuela.

En última ratio, Hugo Chávez Frías, su gobierno y sus leales, consecuencialmente, imponen el terrorismo de Estado y/o, algunas de sus variantes.

Thursday, October 7, 2010

ETA: Euskadi Ta Askatasuna

Maduro investigará la investigación investigada

Rafael Rivero Muñoz
Caracas 061010

“… No olvidemos nunca que el terrorismo es, en el fondo, en su naturaleza maligna, una guerra psicológica…”
Norman Bertram "Norm" Coleman (1949-?)

Nada sencillo resulta el tratamiento y la actividad regular para cualquier organización profesional de seguridad pública, cuando lo que tiene frente a sí como tarea, es todo el especializado y largo trabajo destinado a conocer, neutralizar, controlar y despojar o destruir definitivamente las capacidades bélicas de una decidida, experimentada, profesionalizada e internacionalizada organización terrorista.

Precisamente, cuando se trata en este caso, de una organizada y disciplinada estructura política y militar que en sus 52 años de dinámica existencia, ha logrando definir, mantener y consolidar sus objetivos políticos y militares en el corto, mediano y largo plazo.

Una organización que sobre esos invariados objetivos, ha edificado y apuntalado sus múltiples capacidades y habilidades, decidiendo, construyendo y cimentado las necesarias políticas para imponer su drástica y excluyente vía letal de acción.

Que como derivado de esas iniciales y sustentadas definiciones y experiencias en juego, esa organización ha acumulado paso por paso, otras reconocidas capacidades en el terreno político y militar; una organización que aún sujeta al hostigamiento y la persecución, ha logra hábilmente articular las múltiples coyunturas políticas y militares con los criminales desempeños de sus operadores dentro y fuera de su país de origen.

Con especializados métodos y operadores ha cooptados voluntades entre los más decididos de su comunidad social y política, tanto para la utilización eficiente de las habilidades de un seleccionado sector de sus afectos como para limitar, neutralizar y eliminar físicamente, si fuere el caso, a los potencialmente más definidos desafectos y a la vez, lograr aterrorizar hasta perturbar y sacar del juego político y militar a los neutrales y a los indiferentes dentro de su propia sociedad y a la que adversa.

En ese contexto

Esto de las vinculaciones de la izquierda venezolana con uno u otro miembro individualizado y con los colectivos, activos o durmientes, destacados en Venezuela por la organización terrorista ETA, es de muy vieja data.

Sólo que hoy en estos últimos once años y a partir de la llegada de Hugo Chávez Frías a la presidencia de la República y mediando un paciente y elaborado proceso de adaptación al medio social venezolano, ha revitalizado, incrementado y especialmente asegurado mediante los acuerdos político-militares, las propiciadas y derivadas complicidades y las bien administradas, cuidadas y veladas amenazas, ha impuesto su presencia, su actividad y su vigencia política; y como organización terrorista, su presencia y la de sus actividades militares con base en Venezuela.

Tanto es así, que, frente al hostigamiento, persecución y el incremento sustancial de las operaciones y capacidades técnicas de los servicios de seguridad en su territorio de origen y en ambos lados de la frontera entre España y Francia, nada de particular tiene que exista ya un desplazamiento físico de los más importantes operadores, de los medios y mecanismos financieros y de logística y de algunas capacidades bélicas de reserva, hacia otros territorios que brinden más aseguradas condiciones tanto para la captación y acumulación de recursos, como para la organización, la planificación y soporte logístico de capacidades para las acciones terroristas en la península.

El territorio de Venezuela desde esa perspectiva, ha sido y no es más hoy que un espacio físico y político coyunturalmente pertinente y necesario a tales fines.

Territorio que si bien en principio, una docena de años atrás, pudieren algunos expertos haberlo clasificado como zona de alivio, hoy, luego de la consolidación de las alianzas y los efectos de todo ese largo trabajo político desarrollado especialmente en la última década; tanto hasta engranar como parte importante, integrante y determinante en el curso de acción de esta supuesta Revolución Bolivariana, como para edificar y sustentar su autonomía de acción.

Por esa sostenida operación, Venezuela se transformó y tiene entonces ese extenso territorio, otro definitivo estatus político, estratégico y táctico para la ETA y sus operaciones; ello, dentro de esa conocida y clásica expresión de la guerra dictada por el autor von Klausevich.

“La política por otros medios”.

Frente a esta dinámica: El antes el durante y el después de más de una década:

1) Hugo Chávez Frías desde su llegada a la presidencia de la Republica, en función de las determinantes del programa de control absoluto del poder, dispuso en su momento y articuló con todos los responsables sectoriales de la estructura de seguridad venezolana, todo lo necesario para poner en marcha los acuerdos con los grupos extranjeros alzados en armas en distintos países y, en el caso específico de las FARC y de la ETA, puso bajo su protección, tutela, atención y cuidado, las ofertadas potencialidades, las capacidades, experiencias técnicas y capacidades bélicas de éstos; especialmente en el caso de los miembros de la organización terrorista ETA, por órgano de sus destacados personeros y representantes en Venezuela.

2) La jefatura de la ETA, dentro y fuera de fronteras, instalado ya Hugo Chávez en el poder y una vez en marcha los acuerdos preliminares y subsiguientes en cuanto a los ofertados y negociados apoyos a la Revolución Bolivariana; estructurados y en funcionamiento así mismo los mecanismos para la captación, recepción y manejo de los fondos financieros necesarios, procedieron de acuerdo a su estructurado plan de instalación y habilitación de capacidades para la actividad de sus importantes operadores, a ubicar sus piezas tanto en varias posiciones claves de la Administración, como en las ciudades y en los seleccionados espacios físicos de la geografía del país,.

De allí quizás lo que sorprende a algunos, el nombramiento y el género de actividades oficiales evidenciadas en el más conspicuo y publicitado operador de la ETA en Venezuela: Arturo Cubillas Fontán.

3) Vencidos los primeros escollos y adaptaciones y en función de sus propios intereses políticos, estratégicos, tácticos y bélicos, los delegados de la ETA iniciaron, acentuaron y consolidaron capacidades en un proceso que, con el tiempo, hoy les permite en toda Venezuela, la libre actuación en sus propios tiempos, a su propio libre albedrío, a voluntad de sus jefes y comandos dentro y fuera de Venezuela y en función de los bien definidos, propios y excluyentes intereses políticos y militares, internos y externos de la ETA.

De las actividades

Desempeños políticos, económicos y militares, que se desarrollan en Venezuela sin mayores inconvenientes y menos aún de la presencia de riesgos de ser perturbados o interrumpidos, menos aún reprimidos por el gobierno revolucionario de Hugo Chávez Frías.

Esa libertad de acción para los operadores de la ETA, se ejecuta sobre el terreno con o sin la anuencia tutelar de Hugo Chávez Frías, menos aún, de cualesquiera sean unos u otros los responsables de la seguridad pública.

En ese sentido, los responsables y delegados de la ETA, disfrutan de una cuidadosamente edificada autonomía funcional sustentada en sus tres edificados y solidificados elementos de disuasión y de control del medio o ambiente político y militar venezolano:

a) Los dinamizados acuerdos políticos y militares de alto nivel.

b) El articulado e instalado potencial soporte armado en caso de una situación que atente contra la salud política y física de Hugo Chávez y su permanencia en el poder.

c) La latente y potencial amenaza y el directo chantaje sobre varios encumbrados personajes de la izquierda dentro y fuera del gobierno; fuere ello mediando el pago de favores o las documentadas revelaciones comprometedoras; fuere en sus extremos, con acciones militares dentro del territorio de Venezuela, en caso de ser violados o ser traicionados de alguna forma.

Consecuencialmente

Si como ha quedado suficientemente evidenciado, los funcionarios de Estado venezolano frente a los recién emergidos e indisciplinados distintos grupos de civiles, naturales e importados, a los cuales dotó y/o ha permitido por años que se doten de armas, municiones y explosivos y de otros equipos militares; si esos funcionarios están técnicamente incapacitados para ejercer control alguno sobre esos grupos, esas actividades, asentamientos territoriales y sus capacidades bélicas, en términos prácticos, tampoco están por tanto en lo absoluto en capacidad para controlar, limitar, evitar, frenar o impedir las actividades políticas y militares de los –conocidos o no– disciplinados y experimentados –52 años– operadores de la ETA residentes, legales o no, en Venezuela.

Menos aún cuentan los responsables de la seguridad del gobierno venezolano, con la infraestructura y las capacidades técnicas para identificar, ubicar, controlar y neutralizar capacidades tanto de aquellos operadores quienes desplazándose de otros países y en forma clandestina, han ingresado y tiene residencia fija o itinerante en el país, como para despojarlos de la logística y de las capacidades bélicas que han acumulado y controlan a su propia voluntad e intereses –políticos y militares– la jefatura de la ETA, dentro y fuera de Venezuela.

Agréguese a esta circunstancia, el hecho no investigado –muy citado en los medios de comunicación–, menos aún sujeto a algún tipo de control por parte del gobierno, de las actividades “comerciales” clandestinas para mantenimiento y financiamiento a las cuales se han incorporado con sus asociados de las FARC algunos activos miembros –en cubierta o no– de la ETA: a) tráfico de drogas; b) tráfico de armas; c) tráfico clandestino de minerales estratégicos; d) el “cobro de la vacuna revolucionaria”.

Aparte claro está, de los derivados y necesarios desempeños para el tránsito y distribución clandestina de los fondos financieros derivados de esas actividades “comerciales”.

Antecedentes

Ya desde el año 1959 algunas individualidades de la ETA estaban radicadas en Venezuela.

Desde los primeros años de la década de los sesenta se registran operaciones terroristas asesoradas, planificadas, asistidas y/o ejecutadas personalmente por miembros activos de la organización terrorista ETA, residentes o transeúntes legales o clandestinos en territorio venezolano.

En pleno desarrollo de la operación terrorista de la subversión venezolana, “Un día un policía”, destinada ésta a la ubicación, emboscada y asesinatos de policías uniformados que circularan en solitario por las calles; en aquellas fechas y en paralelo, esa misma izquierda había organizado con miembros activos de la ETA y ejecutaba otras modalidades de operación terrorista: La fabricación y reparación de armas y municiones; la fabricación, colocación y detonación de artefactos explosivos en varias partes de la ciudad.

Fue en una de esas primeras operaciones terroristas del año 1961, cuando el experto en explosivos, el vasco Felipe Fermoso Linares (FFL), tripulando una camioneta cava robada y acompañado por su subalterno y alumno, un venezolano en proceso de entrenamiento para la fabricación, colocación y detonación de explosivos, se dispuso a ejecutar una operación terrorista.

Así, mientras el citado alumno a cubierto en el costado contrario al sitio donde se colocaría el explosivo, vam de por medio, “cuidaba el área y cantaba la zona”, FFL agachado en un desnivel de terreno y frente al ángulo derecho de la santamaría de un local comercial en San Bernardino, preparaba una carga de seis tacos de dinamita y comenzaba ya a habilitar el sistema de tiempo para la activación.

Al parecer, por precipitación, falta de iluminación o por descuido, cuando FFL conecta el dispositivo de tiempo a la batería, el sistema no estaba aislado y directamente activó el detonador.

La carga le estalló entre sus piernas lanzando su desmembrado cuerpo de noventa y tantos kilos a varios metros de distancia.
Semanas estuvieron las autoridades recogiendo en techos, balcones, ventanas y árboles, los colgajos o pedazos de FFL regados en un área no menor a cien metros a la redonda.

En la ejecución de la autopsia del cadáver de FFL, la esfera del reloj pulsera que utilizó para controlar el mecanismo de tiempo, apareció incrustada en el corazón de FFL; en la cara anterior y media del ventrículo izquierdo para ser precisos.

La camioneta, puertas desgonzadas y bien dañadas y el alumno “cantador de zona”, quedaría seriamente lesionado en la cabeza y sólo se enteró de lo que pasó, cuando luego de horas recobró la conciencia en el hospital.

Evidenciado ese vínculo

Quedaría luego confirmado y reafirmado el nexo directo entre la izquierda y la subversión venezolana con los operadores de la ETA.

Quien meses después en el mismo 1961 fundara el Frente Guerrillero José Antonio Páez en Cerro Negro Portuguesa y fuera luego uno de los fundadores de las FALN, sería con el seudónimo de “Alí Rojas”, el reconocido jefe de esas fuerzas guerrilleras e identificado como el Comandante del denominado en honor al ETA fallecido: Destacamento Felipe Fermoso Linares.

Por cierto, las investigaciones subsiguientes determinaron que el vasco Felipe Fermoso Linares, tenía desde mucho tiempo antes de su muerte, arrendada y pernoctaba a diario en la habitación de un apartamento en el tercer piso del edificio vecino, pared con pared, con el ala sur de la sede central de la PTJ en Parque Carabobo; lugar donde se ubicó dentro de sus propiedades, una pistola Mauser Oberndoff calibre 7,63 (.30) fabricada en 1911 en perfecto estado de funcionamiento; un arma que no se fabrica ni se comercializa en Venezuela.

Oficializada la presencia de la ETA en Venezuela

Ya desde el año 1986 el gobierno español había hecho varias solicitudes oficiales al gobierno venezolano para que acogiera en su territorio a individualidades y grupos de miembros de la ETA; en 1989, se firma un acuerdo entre Carlos Andrés Pérez y Felipe González y llega a Venezuela un primer lote de deportados procedentes de Argelia.

De esas negociaciones y acuerdos extendidos al gobierno de Jaime Lusinchi, llegaron en total, se instalaron y fijaron su residencia en Venezuela, unos 33 vascos, entre ellos, el más sobresaliente y constantemente citado por todos los medios españoles y venezolanos

Arturo Cubillas Fontán, quien de acuerdo a las informaciones conocidas, formó parte del “Comando Oker” y en su momento fue directamente señalado y acusado por la policía española por ante la jurisdicción, de los asesinatos del francés Joseph Couchot el 16/11/1984 en Irún; del crimen de Angel Facal Soto el 26/02/1985 en Pasajes y el del Policía Nacional Máximo García Kleinte en San Sebastián el 15/05/1985.

Y precisamente, el citado Arturo Cubillas Fontán, años después de su llegada e instalación en Venezuela, fundó y administró un restauran en la población de El Hatillo en Caracas, al cual puso como nombre Oker, a título de recuerdo y homenaje a su comando terrorista.

Precisiones en medios venezolanos

En una detallada y extensa nota publicada en cuatro partes, la primera de ellas en abril de este año y bajo el título “Terrorismo:ETA/FARC/Venezuela…Un barajo por Barajas” (http://bit.ly/d2cpBa), analizamos los detalles sobre los extraños robos, extravíos, distracciones y supuestas recuperaciones de componentes para la fabricación y de explosivos industriales y militares, de varios almacenes militares, entre ellos el de Cedeimague en Puerto Cabello estado Carabobo.

Cantidades significativas de explosivos y componentes para la fabricación de bombas y para lo cual los ejecutores del robo –extravío o distracción–, indiscutiblemente contaron con los apoyos necesarios y evidentemente, fueron asistidos y auxiliados por algunos funcionarios de gobierno.

Fue un total aproximado de cien toneladas entre varios tipos de explosivos y modalidades de presentación. Uno de ellos, muy particular por sus prestaciones técnicas, un componente identificado como ciclotrimetilentrinitramina, RDX, ciclonita, hexógeno y que es mejor conocido como el explosivo militar o explosivo plástico C4; además de granadas fragmentarias, detonadores eléctricos y no eléctricos, permanganato de potasio y cordón detonante.

Oficialmente confirmado, más no investigado, menos aún juzgado

Quedaría ello confirmado y ratificado oficialmente en las declaraciones públicas frente a los medios de comunicación en julio de 2004 y expuestas por los titulares del Ministerio del Interior, general Lucas Rincón Romero y del Ministerio de la Defensa, general Jorge García Carneiro.

Lo particular de ese nunca investigado robo –extravío o distracción– de explosivos y componentes para su fabricación en Venezuela –han transcurrido ya 77 meses, más de 2.300 días de un expresamente voluntario silencio oficial– y que es el tema de la nota referida en el párrafo anterior y en su potencial relación con el atentado del Aeropuerto de Barajas, es que los robos coincidían en tiempo, en espacio geográfico, en necesidades logísticas, en potenciales autores y en las precisas actividades para las cuales podrían haber estado destinados esos insumos.

Precisas particularidades que se concatenan sin lugar a dudas, con las informaciones que serían evidenciadas y conocidas luego por los medios de comunicación, como detalles y datos contenidos de y en varios computadores y bases de datos capturados por el gobierno colombiano, luego del ataque al campamento de las FARC en Ecuador donde muere el comandante Raúl Reyes.
Y detallando

Afirmó la columnista Marianela Salazar el 25 de junio de 2008 y sin que autoridad alguna la haya refutado: “… el etarra Arturo Cubillas dictaba ideología militar en la Escuela de Operaciones Especiales del Ejército, en Fuerte Cocollar, estado Sucre, a funcionarios civiles que fueron insertados como oficiales activos en la Fuerza Armada…”

Agregaría luego en otras notas: “… Posteriormente se descubrió que ‘el profesor’ Cubillas no sólo daba clase de ideología a capitanes y mayores venezolanos en Cocollar, sino que también dictaba cursos más avanzados de armas y explosivos nada más y nada menos que a los guerrilleros del bloque Caribe de las FARC…”.

Digno de atención

De todo ese enorme volumen de información que los distintos medios y soportes nacionales e internacionales han hecho público, tomemos precisos extractos para precisas consideraciones:

“… Durante los diferentes desplazamientos que realizaron por carretera, el convoy de etarras fue interceptado hasta en dos ocasiones por la Policía venezolana, pero en ambas ocasiones un documento exhibido por el funcionario Cubillas solventó el problema…” (http://bit.ly/CbiIs)

“… durante el viaje hicieron llamadas desde varios móviles; hablaban en español, francés y una lengua desconocida; paramos para comprar agua, tabaco y repelente para insectos. Tras varias horas de viaje llegamos a la finca donde les esperaban un grupo de guerrilleros de las FARC, Nicolás Pizarro …”

“… Camilo, nombre en clave de un ex terrorista de las FARC, presenció la llegada a la finca La Veremos de los dos miembros de ETA. ‘Los alumnos éramos 13 milicianos de las FARC y 7 del FBL. El curso duró 20 días y estuvieron presentes cuatro comandantes de mayor formación que el resto. Pizarro nos reunió y presentó a los instructores como miembros de ETA…”

Se concatena con otro detalle mencionado en el viaje de regreso en esa oportunidad, cuando al grupo en su desplazamiento de regreso, se le provee con una escolta oficial:

Declara uno de los arrepentidos de las FARC: “… y llegaron a Coro sobre las cinco y media de la tarde. Poco antes uno de los etarras recibió una llamada de un tal Fontán que le indicó que deberían dirigirse a una gasolinera donde les estarían esperando…

… Allí había un grupo de personas con dos coches... Los dos visitantes se bajaron del vehículo y saludaron efusivamente a Arturo Cubillas Fontán… a La Negra y a un hombre que respondía al nombre de Gualdrón…

… También aguardaba ‘un varón con vestimenta civil, pero que llevaba un chaleco con el escudo de la DIM (Dirección de Inteligencia Militar) y un grupo de personas armadas que a juzgar por sus conversaciones parecían militares venezolanos, que prestaban escolta y seguridad al resto del grupo…".

Evidenciada propiedad

Para quien por experiencia propia y para quienes se han topado en sus viajes con una alcabala de la Guardia Nacional o de la policía en una cualquiera carretera entre las ciudades de la provincia venezolana, conocen a cabalidad que una vez que un vehículo es detenido por cualquier circunstancia, mas si son varios los tripulantes y visible parte de una carga de cierto volumen, ese vehículo y sus tripulantes a partir de ese momento, quedan confinados en el lugar y no pueden seguir el viaje.
Dos “estatutarias” formas para continuar en ruta; un significativo y sustancioso pago en efectivo o una orden superior y expresa del comando y comandante del órgano de adscripción de los efectivos en la alcabala.

No existe posibilidad alguna de que un simple documento o una credencial oficial pueda liberar al vehículo, carga y los tripulantes sin una previa y larga revisión total de identidades, cargas e inspección del interior del vehículo.
Si se exhiben credenciales, carnet de identidad extranjeros, o pasaportes, menos aún se logra continuar el viaje sin el procedimiento pautado.

Por tanto

Para que Arturo Cubillas Fontán primeramente haya logrado evitar el registro del vehículo, la carga y los tripulantes, tomando en cuenta que posiblemente parte o el total de los equipos e insumos necesarios para la operación, formaban parte de la carga en el vehículo: Armas, municiones, explosivos, detonantes y demás requerimientos del curso.

Para que le permitieran continuara el viaje, habría sido necesario una orden expresa –con la individualización e identificación del interesado incluido– del jefe de guardia o superior de nivel en el comando de adscripción de la alcabala o punto de control.

Para que ese comando superior emita esa orden, tiene que haber recibido de su comando central, una orden específica en ese sentido y para que el comando central la emita, tiene que haber recibido el requerimiento directo del titular de un órgano político, comandante de fuerza, ministro o alguien superior a esa posición.

Significa que lo que Arturo Cubillas Fontán logró, lo hizo mediando no un papel, documento o credencial, sino el contacto directo, la alerta, rogatoria y requerimiento hecho en ese momento de la detención, a ese alto nivel de gobierno que dio la orden y dispuso su retransmisión en cascada hasta los funcionarios de guardia en el punto de control.

Y fueron dos veces en el mismo viaje, que debió Arturo Cubillas Fontán, solicitar la intervención del alto nivel político que lo liberó para continuar con su misión; de allí el otro especial logro de Arturo Cubillas Fontán en aquel momento y circunstancia: La asignación de una escolta oficial, integrada por efectivos del DIM y de una u otra de las unidades de la FANB.

Reactualizando affaire

Nada de lo que ha sido comentado sobre las relaciones de la ETA con el gobierno venezolano y de ambos a su vez con la organización terrorista FARC colombianas, resulta en lo absoluto una novedad o algo no conocido.

Desde finales del mes de febrero, luego de la publicidad del Auto de Procesamiento 75/09 (DP 263/08) dictado por el titular del Juzgado Central de Instrucción 6 de la Audiencia Nacional, magistrado Eloy Velasco Núñez, todo el asunto de esta vinculación y de los desempeños de múltiples y variados niveles jerárquicos y funcionarios del gobierno venezolano con miembros, actividades y objetivos políticos y militares de la ETA de España y de las FARC de Colombia, quedaron a la luz del público dentro y fuera de fronteras y es objeto hoy de indagaciones jurisdiccionales.

Que ahora dos de los participantes en esos cursos de entrenamiento, Javier Atristain y Juan Carlos Besance integrantes del llamado “Comando Imanol” y detenidos en España, hayan confirmado uno u otro detalle ya conocido, sólo significa eso, una confirmación de lo ya actuado y en proceso por ante la Audiencia Nacional de España.

Lo significativo y que pudiere ser tomado como novedad, ha sido la airada reacción del gobierno venezolano por boca de su Embajador en España, Julián Isaías Rodríguez Díaz, quien a título de descalificación de las declaraciones, alega que éstas son falsas y que a lo sumo pudieren haber sido el resultado sino de torturas, sí de amenazas contra miembros de la familia de los dos encausados.

Lo más significativo es que ahora, varias declaraciones y varios días después, cuando ya el gobierno no tiene otro argumento o alegato como respuesta a lo evidenciado en actas procesales españolas, el Canciller de Venezuela, Nicolás Maduro, declare que se realizará “una investigación interna”.

Bien lo afirma como respuestas el Sindicato Unificado de Policías (SUP) y la Confederación Española de Policía (CEP): “… la investigación anunciada por Venezuela en torno al miembro de ETA Arturo Cubillas… ‘ya está todo investigado con autos judiciales’… que le detenga y le extradite a España… ambas asociaciones dudan de que el Gobierno de Hugo Chávez vaya a hacer algo al respecto y creen que sólo ha anunciado estas indagaciones ‘para salir del paso’. (http://bit.ly/diD4As)

Es decir, en otros términos, el Canciller Nicolás Maduro al declarar oficialmente que se va a realizar una investigación interna, nos obliga a tratar de interpretarlo y no queda otra expresión que decir.

A la luz de todo lo evidenciado, sustanciado por la Audiencia Nacional de España y en parte expuesto esta nota, frente a ello, la declaración del Canciller significaría técnicamente, que los expertos criminalistas del gobierno venezolano van investigar una investigación investigada

Friday, September 17, 2010

No se materializar la Seguridad Pública

Sin la expresa voluntad política
(texto corregido y aumentado)
Rafael Rivero Muñoz
Caracas, 180910

“… son sólo las autoridades recipiendarias del apoyo popular y responsables del ejercicio del gobierno de sus sociedades las que deben decidir cómo, cuándo y de qué manera deben abordarse los conflictos y la problemática delictiva existentes en dichas sociedades, haciendo un uso oportuno, proporcional y controlado del andamiaje institucional que forma parte del sistema de seguridad pública…”
Marcelo Fabián Sain 2002

Resulta indiscutible que el término de la filosofía marxista para referirse al conjunto de conocimientos o fenómenos de la producción sobre los que se basa la estructura social, viene en auxilio para ensayar una síntesis de lo expuesto en múltiples notas.

De la paulatina degradación a la degeneración del concepto de Estado en expreso detrimento del bien público –los intereses comunes pautados en el cuerpo de normas de la sociedad– opera en la práctica y la expresión material del voluntarismo, que impone inevitablemente sobre éste los intereses privados de individualidades y grupos operando al interior de toda la maquinaria del Estado.

Antes que servidores públicos, sólo se sirven del Estado.

Sus asociados


Se incorporan a ellos otros derivados, las expresiones materiales del crimen y de la criminalidad, que operando dentro de la emergente dinámica económica de las “ventajas comparativas”, activan, expanden y mantienen, una estructura de producción de bienes y de servicios, muy bien ajustadas a las más eficientes gerencias empresariales operando a sus anchas en una estructura funcional integrada de Estado/crimen/criminalidad, alimentada y retro-alimentada en el hacer y en el dejar de hacer ilícito de los funcionarios electos y “selectos”.

Indiscutiblemente, se instaura así una praxis que bien poco y nada tiene que ver con la organización y funcionamiento de un Estado en el sentido estricto de la idea, del concepto y de la función que le es propia.

Una dinámica que antes que representación y garantía del orden público –por la sostenida conducta de sus funcionarios– viene a constituirse definitivamente en el Estado promotor, propiciador y soporte del desorden público.

Un Estado que vulnera expresa y severamente la vida y el hacer del ciudadano común, el de a pié.

Roto el contrato social, no existe posibilidad alguna para el administrado de convivir pacíficamente.

Su seguridad, la de su familia y bienes, pasa a ser un complejo de circunstancias arropado y atrapado por una angustiante dinámica binaria: Plata y/o plomo.

Y la sociedad como tal, presionada hacia un sostenido proceso de disolución; absolutamente inerme ante el crimen y la criminalidad, cuya praxis viene a ser y es por ese hecho, la expresión visible del Estado.

Frente a ese hombre de a pié

¿Puede algún experto en política o cualquiera otra rama del saber afín, diferenciar en qué punto, dónde, cuándo es posible separar netamente el hacer y efecto del crimen y de la criminalidad, con el hacer y efecto de eso que eufemísticamente aceptamos se denomina corrupción?

¿Cuándo en las consuetudinarias matanzas de ciudadanos ejecutadas por funcionarios policiales, se puede distinguir entre el efecto de una acción de la “corrupción” y cuándo lo es del crimen y de la criminalidad?

¿Viene o no entonces a configurar esta acción e inacción del Estado ante los crímenes individuales y en masa de una u otra modalidad, una política de Estado?

¿Cuándo, de qué forma, en qué momento, bajo cuáles criterios y cómo diferenciar en estos cientos de asesinatos individuales y en serie, cuándo es el crimen y la criminalidad y cuando se trata de una política del Estado, si es que lo es?

¿Cuándo y cómo es posible hacer una diferencia neta entre los intereses privados de unos funcionarios del Estado y cuándo son los de los otros, los de los operadores del crimen y la criminalidad?

¿O es que estamos ante la presencia y la acción de un Estado renegado?

Indiscutiblemente: “... La lucha contra la impunidad [resulta] entonces vital para el establecimiento [y la consolidación] de sociedades realmente democráticas... La verdad debe ser esclarecida y socializada como elemento que ayuda a crear memoria histórica y que revindique valores humanistas... los procesos judiciales tienen [entonces] una función de pedagogía política...”

El Estad
o

El Estado ha sido y seguirá siendo siempre una creación intangible, inmaterial; es una idea que radicalmente proscribe el instinto como forma de existencia y de preservación de la vida en una comunidad de individuos y que distingue a los seres humanos como superiores dentro del género animal; que sólo es posible captar, entender y llevar a la práctica por sus propios beneficiarios: Los ciudadanos.

La idea y concepto de Estado tiene un fundamento evidentemente utilitario, el de poner fin a las luchas del hombre con el hombre y promover una coexistencia humana pacífica y ordenada: “... La sociedad humana existe como consecuencia de un orden que es impuesto por el Estado... adquiere, así, el carácter de una institución fundamentalmente convencional que es creada para imponer el orden y que puede ser disuelta no bien los individuos estimen que ya no presta la utilidad que ha motivado su creación...” .

Viene a ser la idea occidental sobre la cual se construye primero el andamiaje y luego el sólido edificio del gentilicio y de gobierno de una comunidad de ciudadanos instalada en un territorio –colectivo que, consciente, consistente y voluntariamente, ha superado ya con creces la forma de vida de las cavernas, de la organización tribal y de la feudal–, con miras y con el objeto de alcanzar, en lo interno a ella y a su territorio, un estadio superior de vida en sociedad y alrededor de un aceptado y dinamizado fin común; y fuera de ella y su territorio, en paridad con otras sociedades, gobiernos y Estados.

La soberanía

Para esta idea y concepto el fin de la Guerra de los Treinta Años con la caída del Imperio Romano Germánico y la firma del Tratado de Westfalia (24 de octubre de 1648), significó el principio de lo que hoy es reconocido y aceptado como concepto y función del Estado moderno y soberano.

Tres años después de esa fecha, Tomas Hobbes en su texto “Leviatan”, aportaría la asunción teórica de que la soberanía residía en el pueblo y éste, desarrollando de común acuerdo un contrato modelo, desplaza la anarquía que impone el estado natural de las cosas.

Un contrato voluntario del ciudadano a cambio del cual recibe seguridad y orden por parte de esa idea, de ese ente creado, del Estado, quien asume por tanto y a los efectos internos y externos de la sociedad, el monopolio de la violencia.

Ese planteamiento teórico político unido a los de muchos otros autores –Juan Jacobo Rousseau con su Contrato Social, a los de Max Webber, reafirmando la tesis de Hobbes, y mucho más reciente, ya en el terreno menos teórico y más pragmático, John Foster Dulles quien en plena cúspide de la Guerra Fría sintetizara algunos de los términos de ese contrato– nos permiten abordar desde el ángulo de lo ya adelantado y a todo lo largo del trabajo, algunas de las más trascendentes características de ese Estado moderno occidental.

Son: a) unas leyes que reflejan el juicio moral de la comunidad; b) una maquinaria política que revisa la pertinencia de las leyes en la medida en que las necesidades de la sociedad lo impongan; c) un cuerpo ejecutivo suficientemente capacitado para administrar la ley; d) una maquinaria judicial idóneamente capacitada para atender y dirimir cualquiera sea la controversia entre el Estado y los ciudadanos y entre éstos entre sí, y de acuerdo a lo que está pautado por la ley y, f) suficiente bienestar en la población, tanto, que no la precipite a la desesperación y menos aún a la adopción de vías de hecho, de la violencia.

Los antecedentes

Si bien es cierto que el descubrimiento y poblamiento de la América Hispana surge de la acción de dos imperios –el de España y Portugal–, quienes al colonizar estas tierras ignorando –donde existían– las estructuras de organización autóctonas, crearon dos centros de poder.

Como afirman Julio A. Cirino y Silvana Elizondo, imponen una forma de organización social y de gobierno: “... La tradición estatal fue trasvasada en este proceso, como trasvasadas fueron las sociedades. Minorías blancas, integradas inicialmente por criollos y nutridas a partir de la inmigración de fines del siglo XIX, fueron las protagonistas de la construcción del estado independiente, quedando las poblaciones indígenas, en caso de existir, sometidas a prolongados procesos de exclusión que llegan hasta hoy en día...

… No habría existido en Ibero América una incompatibilidad filosófica entre la sociedad y el estado, ya que ambos fueron 'importados' de la Europa moderna, a diferencia de la colonización en Asia o en África, donde la población blanca fue siempre ampliamente minoritaria. La numerosa población indígena propia de México, Centroamérica y la América Andina fue controlada por diversos instrumentos político-jurídicos, pero no fue integrada políticamente hasta tiempos muy recientes...” .

La práctica


También es cierto que, a estas alturas de la historia, a más de quinientos años y no menos de dos mil ininterrumpidos relevos generacionales autóctonos desde aquellos eventos, salvo la referencia histórico académica con fines propios a esa disciplina, toda otra referencia en el orden político no tiene otro fin distinto al de expresar, además de la crisis existencial derivada del complejo de inferioridad que aqueja y carcome al resentido social en su expresión populista, y en más de un caso, al de alimentar el voluntarismo y la fantasía de algún interesado caudillo en su pretensión por imponer un imposible retorno de la actual sociedad venezolana a la época tribal, del guayuco, la choza, la curiara, la lanza, el arco y la flecha; la del conuco y de la economía de subsistencia.

Quizás en el delirio, concebir una nueva gesta libertadora nacional y hasta latinoamericana, arrancando con todo de nuevo, desde el mismo principio, desde allí, de la tribu a la creación de un nuevo Estado.

Partiendo quizás de un febril criterio de que así como las viejas naciones estados como Francia, España y el Reino Unido fueron creadas –antes que como una expresión política de la comunidad nacional preexistente– mediante la represiva cooperación impuesta por sus administradores y por la fuerza de las armas a esa población; ignorando que ya la simple consideración aritmética ubica tal delirante pretensión en el campo de una utopía .

Y sus efectos

Siguiendo dentro del mismo criterio esbozado, en materia política, la derivada realidad venezolana de hoy tiene por tanto mucho más de histeria que de historia.
El caudillismo y el personalismo ha adoptado siempre –exacerbado en el actual período– formas proto–estatales y definitivamente no institucionales, reñidas ambas y en lo absoluto con la idea y el concepto clásico de Estado a la cual hemos hecho referencia.
Se trata de una dinamizada conducta propia a los provincialismos autóctonos del siglo XIX, continuada y potenciada en el populismo de siglo XX, y que, lejos de desafiar la lógica de esa idea del Estado, antes por el contrario, la encoleriza: La ha llevado y lleva “... a expresiones maximalistas...” .

Erosión de la idea, del concepto y de la función.


Los caudillos de hoy en sustancia están bastante diferenciados de los del ayer post colonial, se distinguen precisamente por ese maximalismo en sus pretensiones –controlar toda, absolutamente toda expresión de poder–, mientras que a la vez e irremediablemente unido a la pretensión, pese a todos el esfuerzo aplicado por el caudillo y su corte en el empeño, tienen un efecto contrario.

Minimalista en su expresión práctica sobre las capacidades del Estado y en cuanto a la satisfacción de los deberes, obligaciones y responsabilidades que le son inherentes al concepto.

Gobierno, población y territorio, son los tres reconocidos clásicos componentes de esa idea y concepto del Estado, sobre cada uno de ellos, por separado en principio luego en escalada por obra de la acción pretendidamente reguladora del caudillo, se comienza por observar las primeras y definitivas señales de una ruta hacia el debilitamiento de la idea y del concepto; por albergar en el seno de cada uno de esos componentes citados, el germen y las consecuencias desintegradoras. Eso que denominaríamos por contraposición, minimalismo.

Aquí estamos


Los componentes más importantes y trascendentes que como variantes describen la materialidad de ese minimalismo que se impone en dinámica contraposición a la pretensión maximalista del caudillo civil o militar del cual se trate.
Componente gobierno:

Deficiencias cada vez más evidentes en las capacidades de gobierno, independiente de las razones políticas o prácticas que pudieren ser alegadas y en cualquiera sea el aspecto del cual se trate, conducen más temprano que tarde a la aplicación del concepto que define la ingobernabilidad.

Componente territorial:

Áreas sin ley, especialmente en sus fronteras, en los espacios geográficos retirados del centro de poder y de difícil acceso y en las hacinadas concentraciones humanas de los barrios y rancherías; en los sectores de marginados dentro o en la periferia de las ciudades; crecimiento exponencial de la acción cada vez más letal de los delincuentes, con su secuela de asesinatos, incapacitados y heridos.

Componente poblacional:


a) Un derivado estado de conflicto social permanente, de descontento, concurrente con la abierta o soterrada persecución política y la inevitable violación de los derechos civiles de los ciudadanos; b) ataques y daños contra la propiedad pública y privada; c) la percepción o el presagio de una guerra interna; d) se derrumban los indicadores económicos potenciados por el cierre de empresas, crecen los índices del desempleo, de la pobreza, florece e incrementa la economía negra y el contrabando; e) la moneda nacional se derrumba en medio de una sostenida preferencia por la moneda extranjera.

Lo que no entiende

Muy distintas fueron las circunstancias internas y externas que privaron en distintos órdenes en cuanto al antiguo caudillaje del siglo XIX y quienes pretendieron durante la última mitad del siglo anterior y que pretenden aún emerger como tales a principios de éste.

Baste señalar:

a) Mientras en aquel pasado la incomunicación natural entre los asentamientos humanos hizo posible para el caudillo de turno incrementarlo y controlar por la violencia y por completo regiones y hasta países en su totalidad aislándolos de la influencia foránea o extra-frontera, hoy los medios de transporte unidos al desarrollo de la infraestructura física para el desplazamiento entre comunidades y el más acelerado de la tecnología de la comunicación, lo hacen prácticamente imposible.

b) La caída del Muro de Berlín y el derrumbamiento de la Unión Soviética, marcó el fin del enfrentamiento entre los dos poderosos bloques de referencia y con ello de la era bipolar.

c) La emergencia de "actores para estatales" y su acción de guerra contra la potencia dominante y sus aliados, cuya más determinante y significativa acción, sin lugar a dudas, lo constituye la organización y ejecución del ataque coordinado contra tres símbolos del identificado poder dominante –el Trade Center de Nueva York, el edificio del Pentágono y la propia Casa Blanca (fracasado), 11 de septiembre de 2001–, que ha traído como derivada consecuencia, cambios radicales tanto en la concepción política y geopolítica de la seguridad del Estado dominante y sus aliados, como del equipamiento, disposición y empleo de la capacidad militar en esta nueva modalidad de la guerra –la asimetría– y de las relaciones internacionales entre los Estados que integran la comunidad de naciones.

Sin futuro

El minimalismo político impuesto a la sociedad y a Venezuela como país y en tales circunstancias, lejos está de presagiar para una u otra éxito en campaña alguna –social, política, diplomática, militar o económica–; antes por el contrario, ambos, en los primeros años del siglo XXI, se enfrentan a la más severa disyuntiva de toda su historia como gentilicio y como Estado soberano miembro de la comunidad de naciones.
O desaparecen como unidad política, desintegrados –población y territorio– por una acción interna y externa que luego de enormes pérdidas humanas los separará y dividirá en comunidades independientes y parcelas de territorio, o, se consolidan por la acción política al asumir a plenitud de hechos políticos y de actos de derecho, las responsabilidades que las permanentes determinantes políticas y geopolíticas imponen a cualquiera sea el Estado que pretenda existir como tal.

Los particulares de uno y otro extremo de la disyuntiva, han de ser expuestos y analizados a la luz de la dinámica interna e internacional, determinantes a todos los efectos.

Disfrute de signos exteriores de poder

El más grave problema al cual se ha enfrentado Venezuela a todo lo largo de su historia política, se refiere precisamente a la deficiente e inconsistente materialización de la idea, del concepto y de la función del Estado manifiesta en la ausencia de expresa voluntad política de las elites en el poder, para hacerlas efectiva.

Sea por ignorancia, por incapacidad, por falta de formación o hedonismo en la mejor de las situaciones, en otras –las más perniciosa– por imponer por sobre lo público los intereses privados propios y de los asociados a gobierno y élites.

Antes que verdaderos servidores públicos, la casta política de ayer y de hoy, se ha servido y sirve de lo público en su desempeño populista y clientelar.

El Estado no ha tenido ni tiene para la mayoría de ellos, otro fin distinto a aquel que se equipara al botín de guerra, muy propio de los piratas, bucaneros o filibusteros que asolaron islas y costas de tierra firme en el mar Caribe
Es así que, salvo honrosas excepciones, en su gran mayoría y desde antes y después la caída del gobierno de Marcos Pérez Jiménez, más que el ejercicio del poder, quienes han llegado a la máxima magistratura, lo que han hecho es disfrutar de lo que nos atrevemos a hacer gráfico como los signos exteriores de poder.

Por eso hemos sostenido por años que tres han sido las complicaciones políticas más trascendentes en la Venezuela histórica y la contemporánea: a) la evasión del conflicto; b) la ley del menor esfuerzo y c) la derivada irresponsabilidad.

Traducido ello a consecuencias políticas.

Una, la de carácter catastrófica sobre la idea, el concepto y la función del Estado, ha significado en términos sociales y políticos, una silente pero perniciosa escalada hacia el fracaso.

Primero mediante la incipiente erosión seguida de la paulatina y sostenida transferencia, y finalmente, hacia donde ya nos encontramos: La pérdida absoluta del monopolio de la violencia por parte del Estado.

En otros términos, la característica que por sus efectos resulta ser la más trascendente sobre la seguridad pública y en cuanto a la idea, el concepto y la función del Estado venezolano contemporáneo, es que hoy, éste, el Estado, se encuentra en la circunstancia de tener que discutir y contender con otros actores –sean éstos individualidades o colectivos privados, estatales, no estatales o para estatales, afectos o no– en el terreno de la idea, del concepto y de los hechos, la legitimidad de su monopolio en cuanto a las capacidades y del propio ejercicio de la violencia.

Eclipse del Estado.

Sobre los efectos derivados en dos extremos de un mismo planteamiento, podemos estudiar los prolegómenos y los subsiguientes eventos de esta indiscutida obra de los últimos cien años de acción de la elite política venezolana.

El primero, por acción, el producto de la expresión de una voluntad de esa elite dirigente –en funciones de gobierno, de oposición o de simples observadores y/o beneficiarios–, quienes en su momento y en el ejercicio de un poder legítimo en funciones de gobierno que les había sido conferido, legítimo en función de representantes de la sociedad en y ante los órganos de tutela, supervisión y control del ejercicio del poder, legítimo en función del prestigio alcanzado ante los gobernados y la posición política, social, económica, religiosa o profesional reconocida –todos, cada quien en su campo, conscientes o no de las consecuencias, justificadas o no, acertados o no en su momento, en uno u otro extremo del planteamiento– tomaron, ejecutaron y dejaron ejecutar una u otra expresa decisión.

El segundo ámbito, por omisión –es decir, la expresión, en los mismos términos, las mismas condiciones, orígenes o causas, por los mismos actores de la misma elite, de una manifiesta expresa voluntad en contrario– dejar de hacer o hacer a contrapelo en cualquiera sea la variante de la cual se trate.

Sea negándose a cumplir con lo pautado por la norma rectora, el contrato social; sea posponiendo o difiriendo la oportunidad de tratamiento del o los conflictos o cuasi conflicto que, en su momento, demandaban la toma de decisiones que de absoluta e intransferible responsabilidad como gobierno, como oposición o como reconocidos y aceptados voceros del colectivo venezolano.

Temor, cobardía, incompetencia, incapacidad, conveniencia, complicidad, corolario de la nefasta ley del menor esfuerzo, o cualquiera sea el término de pertinente aplicación, no ha sido ni es lo vital y trascendente a la luz del enfoque adoptado; lo realmente culminante de todo este continuado y sostenido transcurso político y social de cien años, son los efectos derivados de lo que hemos calificado como, evasión del conflicto.

Acción

Esa primera, grande y trascendente decisión política tomada en el primer período de gobierno electo después de la caída del régimen de Marcos Pérez Jiménez, y que significó una de las primeras expresiones de mayor impacto y definitivamente contrarias a la idea, al concepto y a la función del Estado.

Desde aquel momento y decisión, por las razones válidas o no que pudieren ser alegadas, se dió el inicio a una continuidad que culminaría con la anulación del concepto y la vigencia de la división de poderes en el Estado venezolano.

A partir de esa decisión el Ejecutivo arrancó el proceso que lo llevaría a controlar las decisiones judiciales, independiente de la instancia de la cual se tratare.

Mediante maniobras y negociaciones con representantes de las organizaciones políticas, sociales, económicas, eclesiásticas, sindicales y militares, y el silencio de la sociedad, se lograron acuerdos que cercenaron por completo la autonomía del Poder Judicial.

Ilegitimidad de desempeño

Toda aquella independencia y autonomía de la cual pudiere hacer referencia la teoría política, jurídica y el cuerpo de leyes de la República, fue en expreso ignorada.
Por órgano de operadores internos y externos a la maquinaria de la Administración, y en beneficio del poder de turno, se ejecutaron los términos derivados de múltiples y secretas negociaciones políticas.

Nació la “Tribu de David” y luego otras con otros apelativos, hoy la llaman “Banda de los Enanos”; todas actuando dentro de la misma dinámica y en función de los mismos intereses crematísticos, políticos o no.

Y de allí en adelante y hasta nuestros días, el nombramiento, la designación de magistrados, de jueces, secretarios y demás personal auxiliar en el Poder Judicial, pasó a ser una expresa y precisa resultante del reparto de posiciones de acuerdo a los intereses más crematísticos que políticos del partido en el gobierno y de las concesiones que éste hacía a los de la oposición y a otras expresiones de poder, y derivado en cada caso y momento, de los acuerdos y conveniencias puntuales de los “representantes” y “negociadores”.

Nuevas formas para mantener el control del Poder Judicial fueron implementadas a medida que avanzaba y se consolidaba el aniquilamiento y se incrementaba el control del Ejecutivo sobre el Poder Judicial, desde el Consejo de la Judicatura hasta la más reciente, la Comisión para la Reforma del Poder Judicial.

Todas, prevalidas y operando dentro del mismo criterio: Embalar hasta anular cualquiera fuere la expresión de independencia en las decisiones jurisdiccionales.
Sustentable el criterio de que independiente del texto constitucional –texto de 1961 o alguno de los tres o cinco textos de la de 1999–, la teoría o el autor al cual se quiera someter para el análisis la dinámica política y jurisdiccional comentada, salta a la vista la inconsistencia entre la práctica y la idea, el concepto y su praxis, la función y sus derivados en el Estado y éstos a su vez, comparados a los criterios y términos pautados para la división de poderes, a la tesis de pesos y contrapesos en las realidades del ejercicio del poder político en Venezuela.

En definitiva, ha existido y existe un solo poder real en Venezuela: el Ejecutivo.
Ya queda evidenciado que el control sobre el Poder Judicial es lo adecudamente amplio como para controlar con suficiencia las causas que allí se acepten ventilar, que allí se diriman y las decisiones que de allí emanen.

En cuanto al Poder Legislativo, si bien pudiere alegarse la existencia en el pasado una cierta autonomía e independencia del poder dominante, esto no ha dependido ni depende de la voluntad de los actores políticos, sino del número de escaños en manos del partido de gobierno y de las habilidades de éste para negociar prebendas y beneficios particulares con grupos e individualidades opositoras o neutrales; así que tal independencia del Legislativo, ha sido y sigue siendo aleatoria en algunos casos, y en la mayoría, condicionada a los montos en los acuerdos, beneficios y negociados puntuales.

La representatividad de los electos a los escaños en el Congreso o Asamblea, no tiene ni pretende proyección temporal alguna superior al tiempo de permanencia en el cargo y las prebendas y los directos beneficios personales que puedan acumular y disfrutar a su retiro.

Al electo nada lo vincula o refiere a quienes lo eligieron, no existe mecanismo alguno de rendición de cuentas ante quienes le eligieron, salvo aquel que se circunscribe a la reelección o no a un siguiente lapso.

La representatividad, la experiencia así lo señala, se amolda a los intereses del partido, de la plancha, del providencial “lobby” económico o financiero que lo conquista y soporta en un determinado desempeño, y en la gran mayoría de los casos, al caudillo o líder de turno y la conveniencia económica o política del momento.

En cuanto a los otros dos poderes del Estado creados en el texto de 1999, Poder Moral o Ciudadano y Poder Electoral, baste la mención de que los tres integrantes del primero –Fiscal General, Contralor y Defensor del Pueblo– y los cinco integrantes del segundo, en su primer período fiscal de actividad, han sido nominados y designados expresamente por el Ejecutivo y nombrados por la mayoría simple del Legislativo,
indiscutiblemente afecta al caudillo de turno.

Cualquiera sea el ángulo de observación que se selecciones en cuanto al tema de seguridad pública, lo trascendente de esta configuración del Estado y de las capacidades reales de los poderes en el supuesto juego político de pesos y de contrapesos en la Venezuela de estos últimos cien años, como ha quedado suficientemente sustentado, afirmamos, es la energía de una constante:

La manifiesta, operante y vigente voluntad política de la elite en el poder, puesto que, cuando abordamos y tratamos la idea y el concepto de corrupción , no podemos circunscribirnos y observar exclusivamente los efectos de aquellas formas y expresiones simples o complejas más visibles y palpables.

Corrupción

La corrupción tiene un ángulo de observación y de análisis, y unos efectos perniciosos mucho más trascendentes; del que pocos autores se ha ocupado en el pasado, pero que ahora es punto de atención como expresión dominante y limitante en el hacer del Estado.

La corrupción tiene su más dinamizada, aciaga y contundente expresión, precisamente sobre la idea, sobre el concepto y sobre la función del Estado.

En otros términos, la importante, verdadera y realmente operante corrupción, es aquella que tiene su más intensa, activa y perniciosa influencia en la configuración, organización y en el desempeño del Estado como entidad política y como concepción rectora de la forma de organización social y de gobierno.

Verdad irrefutable.

Que desde allí, desde esa penetrada, inestable o errática idea, concepto y función del Estado, la corrupción, por la simple dinámica de los hechos descienda en cascada penetrando, contaminando y condicionando todos los intersticios de la armazón y a todo lo largo y ancho de la estructura funcional del Estado y que ésta se exprese en las visibles, distintas y variadas formas en el hacer y del dejar de hacer corrupto de los funcionarios en las posiciones de alto, medio y más bajo nivel jerárquico de una Administración, no es más que una derivada e inevitable consecuencia.

Podría afirmarse sin temor a errar, que esta visible modalidad de corrupción funcionarial, existe por que existe la primera, la corrupción política: El “Mascarón de proa” del buque insignia de los piratas, corsarios, bucaneros y filibusteros.

La omisión

Vistos ya algunos efectos perniciosos –deseados o no– de la voluntad política y sus decisiones, abordemos el caso contrario, también expresión de voluntad pero en la ausencia de decisión, o de decisiones de efectos contrarios a los previstos en ese contrato social que tanto hemos referido.

A estos efectos, nos referiremos a la calidad y vigencia de unos de los más importantes atributos del Estado en función de estar en capacidad para imponer su voluntad sobre todo el territorio y sus gobernados.

Son las expresiones que en su conjunto han erosionado severamente las capacidades del Estado para aprisionar y mantener el monopolio de la violencia legítima.

Esta pérdida del monopolio en las capacidades y en el ejercicio de la violencia por parte del Estado venezolano, ha sido un proceso quizás lento pero definitivamente sostenido y que tiene unas primeras expresiones durante el trienio 1945–48 y luego comienza en forma soterrada a partir del primer gobierno electo luego de la caída del régimen de Marcos Pérez Jiménez.

En aquella oportunidad, el Ministro del Interior Carlos Andrés Pérez, por razones de tipo personal que luego fueron cubiertas bajo el manto de la lucha antisubversiva, importó desde Miami a un primer grupo de sus amigos y custodios de seguridad.

Naturales cubanos supuestamente entrenados a quienes incorporó, unos como efectivos en la nómina del cuerpo de seguridad de Estado, a otros a unas unidades clandestinas de “inteligencia” y para el combate contra desafectos al gobierno y contra lo que luego de la primera división del partido de gobierno, se organizaría como guerrilla urbana y suburbana.

Casi de inmediato el grupo de “importados cubanos” comienza a crecer en individualidades y especialidades. Por supuestas o reales necesidades logísticas de esos ya importantes grupos, comienzan a ingresar a Venezuela oficial y oficiosamente, ingentes lotes de armas individuales, municiones, explosivos, explosores, y las habilidades, manuales y técnicas terroristas.

Por su parte los recién organizados cuerpos de seguridad, comienzan a su vez a equiparse en armamento y munición. El “conectado” traficante en armas Samuel Cummins coloca su primer importante pedido de desechos de guerra, los sub-fusiles Madsen MI destinados a la policía uniformada, seguido de un segundo pedido de sub-ametralladoras Madsen MII para los cuerpos no uniformados.

Cada nueva situación de real o supuesto peligro para la democracia –militar o guerrillero– o cada nuevo jefe policial que llegaba a un cargo directivo, exigía nuevo equipamiento en cada vez más modernas y letales armas individuales, sin que por tanto, órgano alguno de la Administración ejerciera supervisión sobre origen, certificación de lotes y proveedor, y asumiera un control pertinente sobre la importación, almacenamiento, distribución y disposición de las armas y municiones y de otros equipos letales en proceso de compra o los ya importados.

Los grupos alzados en armas, por su parte, comienzan a recibir clandestinamente desde dentro, mediante el trasvase de suministros bélicos y desde fuera de las fronteras, mediante el contrabando de equipos individuales para la guerra: fusiles automáticos, ametralladoras, proyectiles, granadas y explosivos.

Ya a mediados del segundo período de gobierno electo, luego del “Viraje Táctico” declarado por la subversión, comienzan a replegarse los grupos alzados en armas, algunos de cuyos líderes negocian con representantes de gobierno su desmovilización.
Sin embargo, las armas y pertrechos bélicos en manos de estos grupos, no fueron, en su momento, requeridos, ubicados e incautados por los responsables del Ejecutivo.

Ese segundo gobierno, en sus últimos meses previos a la entrega del poder al partido opositor ganador, organiza la Oficina de Asuntos Especiales (OAE) y nombra en el cargo a un representante de ese partido opositor. Este nuevo jefe policial, procede a reclutar personal de operadores sobre el terreno y a incorporar a su plantilla a un gran número de los “importados cubanos” ya residentes en el país.

Continúa el proceso de desmovilización de la guerrilla en las mismas condiciones, mas por razones políticas del nuevo gobierno, se le otorga a la operación un rango de decisión política de la Administración, bajo el epíteto de “La Pacificación”, lo cual incrementa el número de individualidades que se suman al proceso de desmovilización, muy en especial de los integrantes de los cuadros de mando de los grupos subversivos; éstos –si no todos– en su gran mayoría reciben ayuda monetaria inmediata y luego, son financiados con fondos secretos del Ministerio del Interior por órgano de la OAE y son enviados al exterior en supuestas misiones de estudio.

Lo trascendente del asunto: Las armas, los explosivos, las municiones y demás equipos y pertrechos para la guerra, en su mayoría tampoco son ubicados, requisados o incautados.

Paralelamente, una nueva negociación debilita aún más el Estado en cuanto a su monopolio de la violencia.

Por razones de Estado –aducidas en función de la debilidad del gobierno y que pudieren luego ser alegadas como eximentes de responsabilidades–, el jefe de la OAE como representante del nuevo gobierno en funciones, acuerda en principio con los representantes de los naturales cubanos incorporados a esos servicios, luego por esa vía, enlaza la negociación con los jefes de los grupos opositores del gobierno cubano residentes en Miami.

Palabras más palabras menos, el asunto concluye en los siguientes términos: “A cambio de que los operadores del exilio cubano no ejecutaran acciones de terrorismo en contra de los ciudadanos e intereses venezolanos en su territorio y fuera de él, especialmente en los Estados Unidos, el gobierno venezolano le garantizaba a todos y cada uno de los naturales cubanos residentes en Venezuela, dos contraprestaciones, a) a todos los cubanos que habían trabajado y trabajaban en los cuerpos de seguridad, dentro o fuera de ellos, dentro o fuera del territorio, se les garantizaba en mejores condiciones tanto los ingresos monetarios como las prebendas de las cuales habían disfrutado durante el período de gobierno anterior; b) el exilio cubano, dentro y fuera de territorio venezolano, no sería perseguido ni objeto de investigación o medida alguna por parte del gobierno venezolano, antes por el contrario, se les garantizaba el apoyo en su lucha contra Fidel Castro”.

Precisamente, de ese grupo de cubanos exilados residentes en Venezuela e incorporados a los cuerpos de seguridad, con el apoyo de algunos de los residentes en USA y otros países latinoamericanos, emergerían los responsables en la planificación, la selección de los autores materiales y la elaboración del explosivo en la voladura del avión de Cubana de Aviación.

Evasión del conflicto


Dentro de ese mismo contexto de evasión del conflicto por parte de los funcionarios responsables de la seguridad pública en los subsiguientes gobiernos –Ministros y jefes militares y policiales– se inscribe la expresa inacción del Estado en los casos de los actos bélicos realizados –por grupos en armas operando dentro del territorio y en la zona de la frontera occidental– contra puestos, destacamentos y comisiones militares instaladas y operando al interior de nuestras fronteras: Alcabala de Oropé, Las Tres Salias, Puesto de Cararabo, voladura del jeep de la Guardia Nacional en El Cutufí, ataque y masacre de la comisión de Guardia Nacional en el Río Abdobadú, son algunas a citar.

De esa misma dinámica surge la organización y ejecución de los asesinatos en serie o masacres en la frontera occidental de país y que luego conocemos y hemos identificado en notas anteriores como la edificación del Corredor Seguro para las Drogas.

En ninguna de éstas y otros actos de guerra contra Venezuela y al interior de sus fronteras, ha quedado evidenciada la expresa voluntad de la Administración en la defensa de la soberanía del Estado.

Desde la fecha de ocurrencia de estos ataques hasta la fecha de redacción de este trabajo, ninguna de las Administraciones que se han sucedido unas a otras, ha tomado la decisión o realizado operación alguna destinada a la investigación e identificación de los responsables materiales de los asesinatos, su búsqueda, captura, sometimiento a juicio y condena.

Antes por el contrario, como ha sido evidenciado, jefes políticos, militares y policiales venezolanos de la actual Administración, tienen como interlocutores válidos y en función de intereses comunes, a jefes guerrilleros de aquel entonces y de ahora.
Esos mismos sujetos quienes, desde aquella época y hasta ahora, han ocupado las jefaturas máximas de los grupos que han ejecutado –y siguen ejecutando– esas y otras acciones bélicas contra Venezuela, su ejército y su población; los mismos que han sido y siguen siendo los responsables, los jefes políticos, estrategas, organizadores y comandantes tácticos de esas operaciones de guerra contra Venezuela.

Temor a las consecuencias derivadas de una reacción legítima; comodidad o cobardía tanto en los jefes políticos como en los jefes militares y policiales; ayer se negoció e importó cubanos “gusanos” desde Miami, hoy se negocia e importa, por las mismas razones, cubanos castristas desde la isla.

Conveniencias tácticas en el orden político o crematístico; utilidad estratégica en proyectos políticos de alcances intra o suprafronteras y a mediano o largo plazo; cualquiera sea el origen o la causa, el beneficio o proyecto, el resultado, en términos de Estado, se materializa en un exclusivo hecho político: Venezuela no ha estado ni está en capacidad para materializar su soberanía.

La Administración, de antes y de ahora, carece de la voluntad y de los atributos políticos, militares y policiales, de estructura para decidir y hacer la guerra dentro o fuera de sus fronteras, por tanto, el carácter monolítico del Estado –territorio, población y gobierno– y su palpable y manifiesta voluntad política, debilitados como están, no está en capacidad para generar frente a enemigos reales o potenciales, la idea de peligro o de riesgo cierto frente a su reacción ante una amenaza o ataque.
Se trata de la materialidad, de lo derivado de la idea, del concepto y de la función contenida en el vocablo disuasión .

Otra evasión de conflicto


Así hemos tomado la referencia de algunos hechos ejemplarizantes de la expresa y manifiesta debilidad demostrada por la elite política –en gobierno y oposición– y los responsables de la Administración venezolana en el área de seguridad pública y en cuanto a grupos armados –supuestos abanderados de intereses políticos– actuando al interior de su territorio, sean éstos, operadores políticos con intereses intra o extra-frontera o miembros de organizaciones delictivas o guerrilleras autóctonas.
Nos corresponde mencionar otros hechos políticos demostrativos ya en el terreno de intereses privados y no políticos, colocados por sobre y en detrimento de los intereses del Estado.

La política se rinde ante el crimen


Dos situaciones en otro campo de ilícitos son de mencionar por su importancia, la una en el terreno del tráfico de drogas, la otra en cuanto a las actividades en Venezuela de representantes del Crimen Organizado internacional, de la Mafia, la originaria, la siciliana.

El treinta de septiembre de 1983, luego de un proceso de información e investigación de treinta meses, se logra la incautación –para ese momento– del cargamento más grande de cocaína en una sola operación, 667 kilos.

Dos reacciones de la Administración fueron evidenciadas, la primera, sacar provecho publicitario del decomiso; la segunda, evitar que la investigación subsiguiente continuara y culminara con la identificación de los cómplices y los otros responsables de la operación, especialmente el ámbito financiero.

Por una parte permitiendo la fuga al exterior del operador principal, el oficial retirado de la marina Lizardo Márquez Pérez y por la otra, evitando y obstaculizando toda posibilidad de desarrollo ulterior de las indagaciones.

Sin embargo, quedarían perfectamente establecidas las vinculaciones en el almacenamiento y transporte de la droga, tanto de oficiales de la FAN en situación de retiro como un oficial general activo comandante de guarnición, y en la operación financiera, la injerencia directa del asesor político y potencial jefe de campaña presidencial del candidato de gobierno, el propio Ministro de Relaciones Interiores en funciones para ese momento.

Lizardo Márquez Pérez sería luego detenido en Miami y aportadas múltiples evidencias desde Caracas, condenado a cuarenta años por un tribunal federal norteamericano.

Crimen organizado


Otra investigación criminal adelantada con el soporte de agencias norteamericanas, canadienses, inglesas e italianas, evidenció la presencia y actividades ilícitas del crimen organizado en Venezuela: la familia del clan Cuntrera Caruana.

Desde que se presentó el informe escrito preliminar con las constataciones realizadas en territorio venezolano y las vinculaciones directas con bandas del crimen organizado operando, entre otras ciudades y países, en Nueva York, Chicago, Lóndres, Canada e Italia, la Administración venezolana guardó expreso silencio.

Meses después, en las preliminares para a entrega de gobierno, devolverían el informe a la unidad emisora, pero sin decisión.

Las ulteriores investigaciones pusieron al descubierto algunas otras vinculaciones del grupo delictivo Cuntrera Caruana con funcionarios de alto y medio nivel en el Ejecutivo, entre ellos, de quien había ejercido en ese período de gobierno el cargo de Ministro de Relaciones Interiores.

En ese siguiente período de gobierno, tampoco fue posible la admisión del informe y menos aún continuidad en la investigación y una decisión. Fue necesario que cada gobierno afectado implementara una campaña de presión política y mediática nacional e internacional, para que el gobierno, en los extremos, decidiera la expulsión del país de los tres hermanos Cuntrera.

Sin voluntad política

Otras evidencias demostrativas de esa ausencia de voluntad política en los funcionarios responsables por el Estado y expresamente dirigida a mantener el monopolio de la violencia, son de mencionar.

En el caso de los asaltos a bancos, instituciones financieras y transportes de valores que ya hemos citado, la evidenciada inacción del Estado deja a libre albedrío de los particulares interesados, los pertrechos bélicos y a su voluntad, el uso de la coacción y de la amenaza y en sus extremos, del uso directo de la violencia letal sobre los ciudadanos en función de sus intereses crematísticos; también en estas acciones, como citamos, encontramos que de una u otra forma, en el antes el durante o después de cada acción, funcionarios de mediano y alto nivel, por acción u omisión, sirven de apoyo a esos intereses.

En el caso de secuestros a ciudadanos, demanda y pago de rescate, citamos situaciones donde funcionarios delegados directos del más alto magistrado de la República, saltando e ignorando los comandos policiales competentes, han sido los comisionados para negociar montos de rescate, transmitir a los familiares de los secuestrados las exigencias monetarias, para obtener los fondos líquidos de manos de los familiares de las víctimas y, luego, en supuestas operaciones clandestinas, entregar el rescate –o parte de éste– a los secuestradores.

Léase secuestros de Mely Carrero y Richard Boulton, el designado públicamente como “Rambo Venezolano”, fue el representante del presidente de la República y encargado expreso para negociar montos de rescate, formas de pago y demás detalles en las relaciones con los representantes de las FARC y ELN colombianas. Ocuparía de seguida por dos veces el cargo de Ministro de Relaciones Interiores.

No termina allí

Mas el complejo asunto no termina allí, ha venido escalando hacia más delicadas situaciones.
Durante los cuatro años de este último período de gobierno, suficientes evidencias han sido expuestas por los medios de comunicación –no refutadas y menos aún investigadas por los órganos competentes–, referidas a la dotación de armas y equipamiento militar –fusiles, granadas, munición y uniformes– a grupos de civiles que han sido organizados y entrenados por el propio gobierno y por fuera de la estructura funcional del Estado, para la defensa de sus intereses políticos de permanencia en el poder; otros grupos que se identifican con la ideología de gobierno o como soportadores y que públicamente hacen exhibición y demostración de su equipamiento militar, también reciben apoyo directo o indirecto de funcionarios del gobierno.

Otra circunstancia que ya referimos anteriormente, que brinda demostraciones fehacientes de que la acción de los cuerpos de seguridad en su supuesta guerra contra la delincuencia, no es la derivada de una voluntad y decisión de la Administración, al contrario, demostrativa precisamente de la dramática ausencia de esa expresión de voluntad y decisión de los responsables por el Estado.

Ésta la constituye, la existencia de grupos policiales o para-policiales dedicados casi en expreso a la captura, secuestro y eliminación física de ciudadanos comunes tildados de delincuentes, malandros o azotes de barrio.

Que estos ciudadanos asesinados registren o no antecedentes policiales o penales, no puede ser el argumento que se esgrima en descargo, puesto que, ninguna costumbre, norma o decisión legítima del Estado, puede otorgar ni otorga a nadie, tal poder para la aplicación de la pena de muerte; por cierto proscrita en el cuerpo de leyes.
No menos de un acumulado que supera los cientos de asesinatos es el resultado de tal ausencia de control en el uso ilegítimo de la violencia letal por parte de funcionarios adscritos a organismos del Estado, o a entes para–estatales.

Quedó expreso en el comentario realizado en el trabajo, lo que está en juego en estos crímenes en serie no es en lo absoluto el bien público, antes por el contrario, evidencias pueden ser afloradas por cualquiera sea la investigación criminal que se realice, que confirmarían en cualquiera sea la instancia, el hecho de que estos hechos criminales están circunscritos y estrechamente relacionados a los intereses de particulares operadores estatales o no, sean esos intereses circunscritos a los propios criminales y ejecutores de las matanzas, sea, a quienes contratan sus “especializados” servicios.

A tal situación han de agregarse los derivados de una manifiesta voluntad del Ejecutivo en función del apoyo a movimientos subversivos o indigenistas latinoamericanos en proceso de organización de alzamientos o rebeliones.

En especial el caso de la subversión colombiana operando a su libre albedrío dentro del territorio venezolano y en la zona de la frontera occidental. Ya el asunto ha invadido buena parte de la zona fronteriza y en el estado Zulia y Táchira se hacen evidentes la presencia no sólo de grupos armados colombianos, sino también de grupos de naturales venezolanos en proceso de organización e implementación de capacidades bélicas guerrilleras y en operaciones puntuales de cobro de vacunas, secuestro de ciudadanos, tráfico de armas, drogas, asesinatos y otros ilícitos.

En paralelo con esta situación, al menos públicamente difundido y sin que haya sido suficientemente refutado por representantes del Estado, las unidades –civiles y militares– de la fuerza pública destacadas en la zona fronteriza, paulatinamente han sido reducidas en capacidades; menos efectivos de combate, equipos y financiamiento; despojadas o debilitadas en sus niveles de apresto y capacidades bélicas.

Entonces

Estamos entonces en presencia de suficientes evidencias que demostrarían a cualquier observador neutral, que el Estado venezolano, por las causas que fueren alegadas –cobardía, incompetencia, co-autoría, complicidad o voluntad expresa de precisos funcionarios en ejercicio de gobierno y en precisas posiciones de poder– por años ha venido siendo sostenida y paulatinamente despojado tanto del monopolio de la violencia como de la capacidad para hacer la guerra.

Hasta el punto que, grupos con capacidad autónoma para el ejercicio y la aplicación de violencia letal, soportados en la inacción del Estado y prevalidos de tal organización, equipamiento y capacidad bélica, controlan –o están en capacidad de hacerlo– parcelas del territorio venezolano, imponen su voluntad sobre la población residente o de tránsito en esas áreas y ejercen control sobre algunas actividades de producción, transporte y comercialización de bienes; además cobran impuestos –vacunas o protección–, legislan al imponer sus propias leyes donde determinan las conductas sujetas a penas y administran su propia justicia, dictan y ejecutan cualquier tipo de sentencia, entre ellas y muy en especial, la de muerte a ciudadanos no beligerantes.

En otros términos, los más significativos y trascendentes atributos de la idea, del concepto y de la función clásica del Estado –monopolio de la violencia, legislación, administración de justicia y aplicación de penas–, en la Venezuela contemporánea están dispersos, desconcentrados y en manos de actores no estatales –de múltiples individualidades, grupos e intereses políticos, sociales, económicos, financieros y militares– sobre los cuales el Estado, además de no tener ni la información ni la capacidad técnica para disuadirlos, persuadirlos o neutralizarlos, tampoco tiene la voluntad política mucho menos el poder y la pertinente capacidad instalada tanto para desarmarlos como para someterlos a su voluntad.

Debilitado el Estado acepta como se observa, un poder compartido y deberemos admitir en consecuencia lo ya que de ello se infiere:

El Estado venezolano se encuentra en la grave circunstancia social, política, económica y militar, de tener que enfrentar en forma asimétrica, disminuido o en igualdad de condiciones, discutir y contender con otros actores estatales o no, tanto su existencia como su soberanía.

Efectos


Desde el ángulo adoptado para la apreciación del asunto –la acción y la omisión–, entramos necesariamente entonces en el terreno de la existencia o no del Estado como idea, concepto y función; al menos, si éste se sujeta a los términos que propone la teoría política y aquellos que estaban previstos en el texto marco que lo creó y que consolidaría luego en no menos de otros 25 textos; son los particulares aceptados y aprobados por votación mayoritaria en un referéndum.

Un segundo plano del análisis, obliga a una apreciación derivada y se refiere ésta, a la legitimidad o ilegitimidad de la acción rectora del Estado por órgano de la Administración.

En consecuencia, si el Estado venezolano no posee y no tiene bajo su estricto y suficiente conocimiento unido al control, disposición y uso del monopolio de las capacidades y de los medios de coerción, amenaza y de aplicación de la violencia, de legislación, de administración de justicia y de aplicación de sanciones de acuerdo a los términos de su propia carta constitutiva, por tanto en igualdad de derechos y garantías sobre todos y cada uno de los habitantes y transeúnte al interior de sus fronteras:

¿Cómo puede garantizar su propia existencia como unidad política?

¿Cómo puede hacer valer en el terreno práctico su soberanía?

En cuanto a los habitantes permanentes o en tránsito en su territorio:

¿Cómo puede materializar el respeto de los derechos los ciudadanos en el ejercicio pleno de sus libertades y la seguridad para su equidad moral y física, de la vida y de la integridad de sus bienes?

Disolución del Estado

Ese es el más grave derivado de la situación que hemos venido analizando a todo lo largo de la exposición; si ello puede o no ser identificado, analizado y definido por los estudiosos y expertos en la materia –nacionales o no– como parte de un concurso de severas circunstancias determinadas por un acumulado de signos exteriores irrefutables, o de la inapelable demostración de la existencia de un sostenido y severo debilitamiento y potencial derrumbamiento o colapso del Estado venezolano como entre jurídico actor en la comunidad de naciones.

No nos corresponde puesto que no es nuestra especialidad ni tampoco es el tema de este trabajo; mas no podemos obviar la consideración de algunas otras categóricas variables –intra y extra-fronteras–, para poder rematar la apreciación que pretendemos sobre la seguridad pública en Venezuela, que si es el tema central de nuestro interés.

Ingobernabilidad

Tres conceptos concurrentes conforman, según los expertos, la figura geométrica de un triángulo, que aplican para definir la ingobernabilidad: a) la corrupción; b) la debilidad institucional y c) la pobreza.

Para algunos autores y estudiosos de los procesos políticos en “Estados Fallidos”, en proceso de debilitamiento o ya definitivamente colapsados, el primer elemento de interés para el estudio y de donde se desprenden como derivados los otros dos, lo constituye el debilitamiento institucional.

Esto nos llevaría a aceptar que en algún momento esa indispensable institucionalidad del Estado formal existió, se consolidó e hizo válida en toda su amplitud la idea, el concepto y la función del Estado.

Mas como hemos visto en la exposición del caso venezolano, ésta no ha sido la situación.

Tomando como punto de referencia lo que asumimos como el arranque institucional y el desarrollo de la institucionalidad, observemos el asunto.

Esta vez, retrocedamos en el tiempo y tomemos la referencia desde el Golpe de Estado que condujo a la caída del gobierno de Isaías Medina Angarita en 1945 y el ascenso al poder y comportamiento del partido político que durante los tres años subsiguientes –y hasta su derrocamiento por otro Golpe de Estado y ascenso al poder de Marcos Pérez Jiménez en 1948–, diera los primeros pasos para la institucionalización “democrática”.
Partido que, derribado ya el régimen dictatorial en 1958, regresaría al poder y asumiría de nuevo el gobierno, para dar “su” continuidad a esa supuesta o llamada institucionalización.

Si esa llamada institucionalización, como ha quedado evidenciado y por las razones que pudieren ser alegadas, comenzó por saltarse los términos estatuidos por las normas constitutivas, esa institucionalización fue inestable, imperfecta, contradictoria e inconsistente desde el momento en que esa doctrina traducida en “obra política” de aquella época a esta parte, no ha logrado aún el perfeccionamiento institucional del Estado, que se expresa en esa indispensable y normada separación de poderes.

Si antes por el contrario, los efectos de la obra han dado como resultado la existencia de un solo poder que privando e imponiendo su voluntad por sobre los otros poderes, lo ejerce sin contrapesos, sin mecanismo alguno que controle, supervise o limite su hacer y dejar de hacer, antes que debilidad institucional –de la cual no podríamos hablar puesto que nunca, como vemos, ha existido y ni se ha consolidado la idea, el concepto y la funcionalidad institucional–, deberemos aceptar el fracaso, y en su lugar entonces, el concepto de Estado Frustrado.

Y, en consecuencia, contradiciendo a los expertos y para hacerlo gráfico en una figura geométrica:

En el vértice superior de un triángulo colocaremos el término corrupción puesto que, como hemos concretado, es esa dinámica la que ha impuesto por décadas su predominio y dominado la muy precaria sino inexistente institucionalización del Estado. Institucionalidad fallida antes que débil, que colocaremos al extremo izquierdo de la base del triángulo, al otro extremo de éste, la pobreza: su resultado .

Conclusión

La evasión del conflicto, la ley del menor esfuerzo y la ausencia de rendición de cuentas, irresponsabildad, derivan en:

El Estado como botín, el disfrute de signos exteriores de poder antes que su ejercicio, erosión de la idea, del concepto y de la función de Estado, superposición de los intereses privados por sobre y en detrimento de los públicos, pérdida del monopolio de la violencia que a su vez significa una soberanía compartida.

Sostenemos que son esos, entre otros, los términos en los cuales ha de plantearse el dramático fracaso doctrinal de las elites, y del resultado de la praxis política en Venezuela en los últimos cien años.

Dentro de ese fracaso, hemos navegado y navegamos a la deriva, y a ese fracaso estamos enfrentados como gentilicio.